¿Se vale llorar? por la UAN, claro que se vale

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Por: Rocio Victoria Flores Velazquez.

Acabo de retirarme en lo que quizá será mi última jornada de este 2019 en mi Universidad. Fuimos los últimos en abandonar nuestra escuela, incluso contrario a mi naturaleza, me di cuenta que caminaba muy lento, se me complicaba mover mis pies y brazos y no entendía la razón.

En estos instantes ya lo entiendo, es mi deseo de no dejar sola a la Universidad, de abrazar quizá a la distancia a mis compañeras(os) que los percibo desesperados por su incertidumbre económica, de solidarizarme con quien quizá no conozco mucho, pero que me dice “si sabe de un trabajo, el que sea, dígame” y quisiera tener algo que ofrecerle y más cuando me consta su dedicación exclusiva a la universidad, su profesionalismo en su actividad y que ha merecido de mí el considerarlo/a “un buen trabajador”.

Entonces ¿se vale llorar? se vale sentir impotencia y coraje de incluso callar ante un hijo/a para no preocuparlo/a; se vale estar confundido/a de cómo invitar a un hijo/a a prepararse, obtener grados académicos, comprometerte con tu trabajo al grado de dejar para después el cumplirle a tu familia en eventos y/o convivencias y finalmente no tener un salario que te permita dar estabilidad económica, ni siquiera lujos, pero si la tranquilidad de cubrir las necesidades y algunos gustos propios de nuestra naturaleza.

Hoy estoy cierta que en muchos hogares el desanimo, la tristeza, la preocupación, el enojo y claro que el llanto estará presente y no solo para quienes dependen exclusivamente de nuestra querida Universidad Autónoma de Nayarit, me imagino que esta incertidumbre la tiene la señora que vende helados entre los alumnos/as, el taquero de la esquina, el dueño de la papelería, en fin, son muchos los hogares que hoy vivirán diferente el querer y ser parte de este PATRIMONIO DE LOS NAYARITAS: nuestra querida UNIVERSIDAD AUTONOMA DE NAYARIT.


Así que SI SE VALE LLORAR, incluso una buena LLORADERA, de esa que limpie desde adentro, para después respirar y de nuevo albergar la nostalgia de lo que fuimos pero también anteponiendo la ESPERANZA de lo que podemos ser. SOY ORGULLOSAMENTE EGRESADA DE LA UAN, TRABAJO PARA LA UAN, llegué siendo la niña de un barrio que quería cambia muchas cosas, así que intentarlo fue y seguirá siendo un sueño y una PRIORIDAD.

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